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La mañana del sábado me desayunaba con una noticia que
me heló la sangre, alguien al otro lado de la línea telefónica me
decía: “Se ha matado Alberto Pindado”.
Han pasado días desde ese momento y todavía sigo sin
creerlo, todavía me siguen temblando las manos ahora que agarro el
teclado de mi ordenador para dedicarle unas líneas a Alberto.
Muchas personas se preguntaran quien es Alberto
Pindado, aunque se ha ido aún hablo de él en presente, Alberto ante
todo y sobre todo era una buena persona, un buen chaval, además de ser
el Secretario Regional de Nuevas Generaciones de Castilla y León,
Concejal de Juventud del Ayuntamiento de Ávila y el Senador más joven
de la Cámara Alta.
La mañana del sábado Alberto se dirigía, como tantas
veces había hecho, a personarse para realizar un acto político, lo que
tocaba el sábado era inaugurar la Casa Consistorial del Municipio de
las Navas del Marques. Ese día el destino, la mala fortuna, la
fatalidad o cualquier otra abstracción que controla nuestra vida, se
cruzó con la vida de Alberto y la cercenó en la carretera comarcal
505, concretamente en el Alto de Valdelavía, cerca del Herradón de
Pinares.
En pocos segundos se desata la tragedia, su toledo
verde invade el carril contrario y colisiona frontolateralmente con un
camión cisterna.
Nadie se acostumbra a que alguien que conoces se pueda
ir tan rápidamente y sin despedirse.
Nuestros mayores suelen repetirnos que “la vida es
así”, y ellos siempre están guiados por la experiencia que da el
fracaso y los años de vida.
No es hora, ni lugar este como para actuar de
plañidera, la muerte de Alberto se siente desde lo más interno,
sabemos que este es el ingrato e infeliz regalo que nos deparan
nuestras carreteras continuamente, sabemos que es la prebenda que
tenemos que pagar habitualmente por surcar sus sinuosos trazados. Pero
nunca nos acostumbramos a perder en esas carreteras a un compañero.
Alberto era una persona muy querida y así se lo
demostraron las miles de personas que acudieron a su funeral y que
empequeñecieron la Iglesia de San Pedro de la capital abulense, donde
no se pudieron concentrar todas las personas que quisieron acercarse a
despedir a Alberto.
Numerosas personalidades políticas se personaron para
dar este último adiós al joven Alberto.
Cualquier edad es siempre demasiado temprano para
morir, pero con 26 años no ha llegado el momento de ningún joven.
Alberto, desde donde quiera que estés y desde donde
quiera que nos mires que sepas que desde aquí te seguimos queriendo,
apreciando y valorando, cuida de nosotros amigo…
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